Los muertos gritan
con sus pechos aplastados
por la tierra que les cubre.
Su boca,
su lengua,
su garganta de cadáver nos reclama.
Y arriba,
en la superficie,
en la decadencia,
la vanidad de la carne compacta,
de la sangre en caliente y en marcha,
ha olvidado los tambores.
¿Dónde estáis?
¿Sobre qué revolución dejáis las flores?
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