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martes, 15 de noviembre de 2016

El inhumante

El torso a tierra,
desnudo,
para desenterrar a bocados
cada uno de los monstruos
y mirarlos, 
puros y brillantes,

fríos

como armaduras,
como la sangre 
en los colmillos del lobo…

observándote…

allí…


desde sus relicarios de barro.

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