soñaba con ser astrofísico.
Fue mi primer sueño abandonado.
Hoy
veinticuatro de marzo,
treinta y ocho tacos,
leo la noticia:
"El telescopio espacial Kepler
permite observar,
por primera vez,
el estallido de una estrella
al morir."
Hoy,
tumbado en la cama,
en la tele una serie de mierda,
veinticuatro de marzo,
treinta y ocho tacos,
la garganta encogida
bajo la velluda manaza del tiempo,
escribo:
"Murió,
en el más estricto
de los silencios."
No hay comentarios:
Publicar un comentario