Volveré a usar,
como siempre,
la barra de ese bar de rompeolas.
Volveré a usar,
como siempre,
cualquier partisana de falda corta
que prometa venirse al bosque
a esconderse con su boca,
y después,
perder la guerra.
Volveré, quizá,
a dar un paso atrás,
en el cruce de San Bernardo.
No me culpes del letargo, costurera,
se me atascó el "que te jodan"
y ahora,
levanto muros en tus fronteras
por si cualquier borrachera
me regase la demencia
de ir a buscarte.
Volveré a usar sus manos,
sus uñas,
sus soldados,
para empuñar la cizalla
que se rompa en mis cadenas.
Un daño colateral
en la espalda
de un inmundo general.
Mírame,
soy un agujero
en mitad de sus aceras,
un caballo enfermo en las carreras
que no te da por apostar.
Esta noche
volveré a usar la barra de ese bar
de rompeolas
y llegaré a casa empapado.
La maldita jaula me la cierra
este terco ritual
de asomarme sin parar
al otro lado.
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