Hablo con el robot
que barre el suelo de mi casa.
Le pido que no olvide las esquinas.
Ya me parecía triste
conversar con la gata
o dejarle la luz encendida
cuando voy a regresar tarde.
Ahora
he pasado a interactuar verbalmente
con un electrodoméstico.
Al menos es rojo
y se dedica a recoger mi mierda.
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