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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Por una cabeza

A veces se pone vestidos de niña,
y usa el vuelo para esconder un puñado de hematomas, 
justo bajo las costillas,
que a ratos, 
por las noches, 
me la quieren bajar del tren.

A veces
se viste con voz de niña cuando despierta,
y joder...
me saca de quicio todas las puertas, que yo,
ilustre habitante de estercoleros,
viajante de comercio de bisagras sin encuadre,
cerraba a patadas de rabia,

hasta ayer.

A veces es una niña con miedo,
y yo improviso 
un torniquete cruzando sus dedos para evitar la hemorragia.
Me invento un botiquín plagado de pastillas
y busco un puñado de gasas para limpiar las heridas
de toda esa puta nostalgia.

A veces, 
cuando se fuma el último piti en el baño,
sé que puede hacerme daño si le da por no volver,
si se muda a otra ciudad 
con sus pelis en vose alternativas,
con sus cartas sin sellar y boca arriba,
con su trenza negro oscuro,

su pelvis,

su pubis...

su todo 
lo que este extraño pasajero,
este infame servidor,
se empeña cada día en romper en su colchón.

Esta noche baila lejos...
no importa, 
se ríe conmigo de los depredadores 
que equivocan barras por comedores.

Señores...

mensajería instantánea para dedicarme poemas,
mientras vosotros 
afiláis fonemas 

de caballo 

perdedor.














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