gentes de insulsos hocicos,
que, sin hacer malabares,
a fuerza de ser payasos,
son fugitivos de circo.
Venden sus quehaceres
por esas camas ajenas.
¡Creen en su gran talento!
¡En sus verbales venéreas!
Y consiguen,
lo lamento,
sacar del sueño mi pena.
Pena por mercaderes
de impostados alientos,
por vestirse de villanos
con el arte por las manos,
en trajes de media hostia
por rutas a barlovento.
Y lo cierto es que comparten
lecho y flores
de cráneos con cornamenta,
que me sacan los colores y unas risas,
perdonad,
en lugar de una tormenta.
¡Queridos artistas concretos!
¡Va un consejo de amigo!
Seguid raudos y embridados,
por favor,
vuestro camino.
¡Bajad sus bragas de saldo!
¡Pensaos un gran concertino!
Pero por todos los Santos...
dejadme en paz con mi tiempo,
que es precioso,
y sobre todo...
es mío.
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