Al final encontré bombas racimo
lanzadas por esos bares
sin un solo poso de mimo.
Y un letrado coplista y blanquecino
que nos carga los oídos con un Primo
que dice amigo de Lorca,
y me condena
de vez en cuando la pena
a colgar exangüe de la horca.
Una mata de rizos con tonsura
que se apunta a nuestros garabatos,
y disimula con voz ronca la ternura
como un vil poeta... a ratos.
Y yo sacándome la vida del despacho,
tratando de cobrarme alguna pieza,
con clítoris, pezones por empacho,
y alguna que otra jodida cerveza.
Sin más oscuras intenciones
que la de seguir dedicándoles abrazos,
me voy a saltar algunos plazos
para decir, con dos cojones...
de vez en cuando se os quiere,
malditos
jodidos
cabrones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario