martes, 23 de junio de 2015

Para algunos asuntos, mejor un buen peluquero

Lo peor de cortarse la memoria a trasquilones, 
es que los pedazos que se quedan 
se vengan vestidos de condena 
de cuarenta latigazos en dos días,
y no avisan al llegar,
los muy cabrones.

Tiendo a la utopía,
al recuerdo selectivo,
a la cara sur del descenso a tu tobillo.
Tiendo calcetines, 
sábanas, 
gayumbos,
y a hacerme con las tripas un ovillo
para que jueguen la gata y tu silencio
a correrle a manotazos de ida y vuelta 
por el pasillo.

Tiendo las calles que ya no vivo contigo
para secar rumores fundados
de que uso otros coños
como templo anticonceptivo, 
con el firme propósito de no parirte de nuevo,
de que pulso clítoris exentos de tu cuerpo
para no llamar al timbre del pasado, y tiendo,
sobre todo,
a llorar después de cualquier polvo programado
para olvidarte.

Lo peor de cortarse la memoria a trasquilones
es que siempre me queda más larga tu sonrisa,
tu prisa por echarme se me olvida,
y vuelves de forma recurrente 
a apoyar tu cabeza en mi pecho.

Late fuerte, 
¿lo recuerdas?

Manda cojones.





jueves, 11 de junio de 2015

Un ataque de ira

Que le jodan al mundo si no estás, 
que le jodan 
a las cabareteras de barra mordida de miedo y basura 
en esta ciudad en pena,
como todas 
en las que no te desnudo las caderas.

Que se joda la rabia de las carreteras,
el alquitrán del asfalto del Marlboro
que cambiaba por tu boca,
que te jodan a ti por cuerda o por loca,
que me des de beber
de una vez por todas.

Que le den al polvorín de tus palabras, 
que te estalle la garganta,
que te mueras,
coño,
que te mueras.

Que me borren a descargas de esperma tus laderas,
que te vayas del presente a las letrinas del pasado,
que les jodan a los cuerpos a tu lado,
que les jodan.

Déjame dormir sin narcóticos,
déjame vivir sexos psicóticos,
murmurar la ira por los callejones
de camiones con resaca.

Déjame dormir cuentos de hadas,
deja de creer que no son nada,

¡deja de esconderte!

Deja
una ventana abierta,
una rendija entre tus piernas,
una puerta
por donde pueda colarme,

déjame saciar el hambre,

déjame ver

que regresas.

martes, 2 de junio de 2015

Detenerse, descansar, cada dos horas... Malditas recomendaciones

Déjame que te defina el miedo. 

El miedo es anoche. 

Es una luna al noventa y ocho coma siete por ciento sobre los pinos de un área de servicio, en Los Monegros, porque llena es hoy. 

Es silencio a cuatrocientos cuarenta y dos kilómetros de casa, a una galaxia o seis tequilas de tu tobillo derecho, con el depósito a tres cuartos.

Es el café en un parking de césped recién regado, con las luces a la espalda, medio dormidas. 

Es olor a campo y a madrugada pero no a ti, 
como si tú no olieras ya 
a campo y a madrugada.

Lo admito.

El jodido miedo es tú cuando no estás, y duele la pierna del acelerador dos horas después de salir de Cervelló, porque no conoce muy bien el destino, y se detiene a estirarse, y se pega una hostia de silencio tierra café autopista... de esa magia vulgar de corazones de saldo que tanto me gusta.

No sé qué dirías tú si no estuvieras muda, y no me importa, el miedo es la sombra del regreso de los viajes que tú no haces,

hacemos,

nosotros.

Es anoche.

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