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domingo, 19 de abril de 2015

Paritorio

Tú que cambiabas mi amén por amen
y desórdenes en la mirada,
mis besos 
por ráfagas de aire
ventilando habitaciones ventiladas,
que volviste loquita de amor,
en una noche,
a una gata color de la luna.

Tú 
que eres la culpable 
del otoño de mis pisadas
caminando el borde del límite del filo de la navaja,
goteando sangre,
la nuestra,
por locales, con pizca de mala baba,
por la planta de los pies.

Tú me escondías bajo las mantas
para que no tuviera frío
y te siguiera leyendo cuentos a versos de hadas,

y yo me moría de sed.

Tú alargabas la noche 
por miedo a mañana.

Y yo...
¿Qué te voy a decir de mí?

Yo lanzaba monedas y esperaba.

Convertí tu vientre en un templo de sexo desquiciado,
tu clítoris en timbre a la puerta del pecado,
tus sueños en promesas,
tus piernas
en la autopista del peaje del talento para seguir viaje.

Demasiados cortes de papel
como para que no fuera nada,
noches en urgencias tras la penúltima llamada,
coma profundo, 
escaleras,
despertar 
otra vez a tu manera.

Yo me nazco cada día,
le lloro un corte de mangas a la vida
desde alguna balda de alguna estantería...

¡y me aplauden!

Como si fuera meritorio 

este modo de salir del paritorio.


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