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miércoles, 11 de febrero de 2015

Re-acuerdos

Soy capaz de recordar muchos vacíos, como el de Lisboa en dos mil y algo, cuando aquella chica tornado se acordó de que yo era un accidente, la noche antes de subir al avión, y me dejó esperando en la Plaza del Comercio, viendo morirse mi río. 

Soy capaz de recordar el número exacto de escalones de madera, hasta el ático del edificio en ruinas donde aquella pintora, Sofía, me acogía por cuatro duros y una botella de vino al día, en un futón, cerca del bar de Pessoa.  

Y puede que haya olvidado las horas de bordado que me costó cerrar la herida.

Soy capaz de recordar las prácticas de fotografías separadas, en la facultad, de recostar el revelado del fracaso de aquella otra chica locura, en una sonrisa que ahora sólo araña, porque puedo seguir llamándola amiga, con toda la razón.

He podido enterrar la melancolía con que empapaba las sábanas aquella chica triste, que me crucé tres días porque teníamos sed, que no supe beberme como debía, 
como quería, 
como necesitaba... 
en segunda persona del plural.

No he intentado siquiera borrar aquellos ojos grises de la chica en construcción, que me dejaba el sabor del pintalabios en medio de la boca, a medianoche en la estación, antes de regresar a casa de sus padres. 

Aunque eso ella no lo sabe.

También me he quedado con esos otros, en verde aceituna dependiendo del ángulo del sol, que vi crecer entre las ramas de una casa con jardín, y dos perros que se fueron. A ella, a veces, le asustan los asuntos pendientes, cuando cree que aún existen, y no es verdad.

No tengo tan buena memoria.

Y todo esto para decirte que no me cuesta pelear, ni partirme la cara con todas las asimetrías que te convierten en la pieza contigua del puzzle de esta esquina de mi vida. Que las señales de sucesión de curvas peligrosas, la primera a la izquierda, sólo me hacen pensar en ti desnuda y de costado, tumbada en mi colchón, sudado, sucio de noches en guerra. 

Todo esto para decirte que sí, que he sido actor de algunas cosas, que todavía escondo historias que no sabes, que cuando llueve me duelen las muñecas desescribiendo las derrotas, 

que si nosotros, mi nosotros, acaba siendo otra... merece, y va, a ser gloriosa.






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