He salido de la cama con ganas de no asesinar
a la que tuvo el valor
de llamarme poeta en lugar de impostor,
pero le faltaron huevos
para decírmelo en la calle.
A la que se arrepintió
antes de los besos fuera de horario,
antes del ahora
y los orgasmos
que le corresponden como pena.
Y también a las convulsiones creativas
cuando duele la barriga
por pura necesidad.
Permanezco en ese estado.
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