vivir
en sordina,
en aislamiento preventivo
contra las recaídas,
acolchando habitaciones,
por si acaso.
en relativo silencio.
Pages
▼
viernes, 31 de octubre de 2014
sábado, 25 de octubre de 2014
Conclusiones de cerveza
Puedes escribir lo que te apetezca,
disimular,
curvar palabras en espiral partiendo del ventrículo derecho.
Puedes inventar adjetivos,
pintar metáforas dignas del pasillo del baño de un museo,
puedes fingir que no te importa más que la jodida cerveza
o ponerte los auriculares camino del trabajo para mantener la distancia.
Cantar en la ducha en voz baja,
arroparte,
leer,
masturbarte pensando en otra
y después
no quedarte dormido.
Conducir durante horas,
perderte en acantilados perdidos, partir leña,
encender la tele,
cambiar las sábanas,
besar...
Follar.
Puedes.
Eso es el vacío.
disimular,
curvar palabras en espiral partiendo del ventrículo derecho.
Puedes inventar adjetivos,
pintar metáforas dignas del pasillo del baño de un museo,
puedes fingir que no te importa más que la jodida cerveza
o ponerte los auriculares camino del trabajo para mantener la distancia.
Cantar en la ducha en voz baja,
arroparte,
leer,
masturbarte pensando en otra
y después
no quedarte dormido.
Conducir durante horas,
perderte en acantilados perdidos, partir leña,
encender la tele,
cambiar las sábanas,
besar...
Follar.
Puedes.
Eso es el vacío.
viernes, 24 de octubre de 2014
Polanski y un papel
Vosotros podéis decir lo que queráis, pero ando cogiéndole asco a Polanski porque llevo meses sin poder descargar "El quimérico inquilino", y bendita sea la propiedad intelectual, pero coño, es que se me olvida que lo tengo ahí buscando fuentes y de buenas a primeras el portátil me avisa de que ha encontrado una.
Así, por la espalda.
Me pasa como con ella. La vida se empeña en dejarme las cosas a medias y me las saca del olvido a base de ventanas pequeñitas en la esquina superior derecha de la pantalla. Esta mañana ha sido un trozo de papel cabrón cayéndose de la cartera y mirándome con arrogancia desde una acera de Madrid. Allí, tirado, mostrando sin una pizca de jodido decoro toda la pornografía mental que anoté a escondidas durante el trabajo un día que la echaba de menos hasta en la espina dorsal.
Me ocurre continuamente, es cierto.
A veces llega el siete de agosto después del seis, o la luna me pone los cuernos para irse con ella en una orgía creciente y yo me acuerdo de sus manos. O son unas caderas en la parada del autobús que me dan la espalda, y a mí se me revuelve el estómago hasta que no calculo la curvatura a distancia entornando los ojos y compruebo que me quedan demasiado pequeñas, que les falta ese milímetro de más que sólo cabía entre mis dedos... que no son de ella... que a la puta vida le sobra humor negro.
Es verdad, el amor a secas son notas clandestinas escritas con mala letra en el baño por si luego les crece un poema.
Luego.
Después.
Cuando el miércoles deje de ser una oficina y nos quedemos a solas tu playa y yo y mi salón y alguna que otra cerveza...
Al final tendré que comprar esa puta película.
Así, por la espalda.
Me pasa como con ella. La vida se empeña en dejarme las cosas a medias y me las saca del olvido a base de ventanas pequeñitas en la esquina superior derecha de la pantalla. Esta mañana ha sido un trozo de papel cabrón cayéndose de la cartera y mirándome con arrogancia desde una acera de Madrid. Allí, tirado, mostrando sin una pizca de jodido decoro toda la pornografía mental que anoté a escondidas durante el trabajo un día que la echaba de menos hasta en la espina dorsal.
Me ocurre continuamente, es cierto.
A veces llega el siete de agosto después del seis, o la luna me pone los cuernos para irse con ella en una orgía creciente y yo me acuerdo de sus manos. O son unas caderas en la parada del autobús que me dan la espalda, y a mí se me revuelve el estómago hasta que no calculo la curvatura a distancia entornando los ojos y compruebo que me quedan demasiado pequeñas, que les falta ese milímetro de más que sólo cabía entre mis dedos... que no son de ella... que a la puta vida le sobra humor negro.
Es verdad, el amor a secas son notas clandestinas escritas con mala letra en el baño por si luego les crece un poema.
Luego.
Después.
Cuando el miércoles deje de ser una oficina y nos quedemos a solas tu playa y yo y mi salón y alguna que otra cerveza...
Al final tendré que comprar esa puta película.
jueves, 23 de octubre de 2014
Distancia: Definición libre
El puñado de líneas de guión en Annie Hall
que te llevaron a leer "La muerte en Venecia".
Un número indeterminado de poemas en cursiva y sin ojos...
en tu caso algo más de treinta y dos.
La luna creciente,
frágil,
delgada,
allá,
una percha en papel de fumar para colgar tus pestañas.
Esquina.
Sombra.
Ombligo.
Tus dos letras en mi agenda,
una doble,
como el whisky en la barra de los tipos duros.
Aquella carta con huellas de tinta azul más un sobre mal cerrado,
sin buzón
ni parabrisas
ni matasellos.
Madrid con hielo.
Algo menos de dos meses y yo en cama,
náuseas,
indigestión de olvido,
un cuaderno en la mesilla para vomitar.
Insomnio.
Ventanas.
Cerveza y ron y tabaco
y cerveza.
Kilómetros comestibles y tú sin hambre,
coños,
piernas,
piercings sin bragas,
piel de saldo...
y yo sin hambre.
Estimado lector,
ella lo sabe,
es una mierda de palabra desembocando en su nombre.
que te llevaron a leer "La muerte en Venecia".
Un número indeterminado de poemas en cursiva y sin ojos...
en tu caso algo más de treinta y dos.
La luna creciente,
frágil,
delgada,
allá,
una percha en papel de fumar para colgar tus pestañas.
Esquina.
Sombra.
Ombligo.
Tus dos letras en mi agenda,
una doble,
como el whisky en la barra de los tipos duros.
Aquella carta con huellas de tinta azul más un sobre mal cerrado,
sin buzón
ni parabrisas
ni matasellos.
Madrid con hielo.
Algo menos de dos meses y yo en cama,
náuseas,
indigestión de olvido,
un cuaderno en la mesilla para vomitar.
Insomnio.
Ventanas.
Cerveza y ron y tabaco
y cerveza.
Kilómetros comestibles y tú sin hambre,
coños,
piernas,
piercings sin bragas,
piel de saldo...
y yo sin hambre.
Estimado lector,
ella lo sabe,
es una mierda de palabra desembocando en su nombre.
lunes, 20 de octubre de 2014
Maneras de echarte de menos
He salido de la ducha y he empezado a leer
desnudo
a Nicanor Parra,
y como en una sucesión de vagones inevitable,
desde el andén
me he acordado de Violeta.
Así que he buscado a la Vargas
en Spotify
para darle (des)gracias a la vida
con voz de cazalla.
Y mi habitación era una de Almodóvar
de las que sabes que odio,
con gata dormida,
tíos raros en pelotas,
y sábanas negras sin ti.
Sólo ha faltado el onanismo
con tu recuerdo embotellado.
Dame tiempo.

desnudo
a Nicanor Parra,
y como en una sucesión de vagones inevitable,
desde el andén
me he acordado de Violeta.
Así que he buscado a la Vargas
en Spotify
para darle (des)gracias a la vida
con voz de cazalla.
Y mi habitación era una de Almodóvar
de las que sabes que odio,
con gata dormida,
tíos raros en pelotas,
y sábanas negras sin ti.
Sólo ha faltado el onanismo
con tu recuerdo embotellado.
Dame tiempo.

domingo, 19 de octubre de 2014
serie B
le he perdido el hilo a Whitman
y a Bonald,
y sí,
es por hacerme el interesante.
en realidad
la noche se ha convertido en sesión continua de sofá
y de matanza y de texas
y me asombra
la falta de higiene del jodido cara de cuero
y que las sierras mecánicas
siempre arrancan a la tercera.
si tú y yo fuésemos una peli de terror
todo sería sudor
y piel
y sangre
y sexo
y nosotros,
al próximo intento.
sábado, 18 de octubre de 2014
Ari(a)d(na)
Ella es así,
cuando se quitaba las sandalias para correr sobre la hierba en verano,
se le iban cayendo adjetivos de entre los dedos de los pies.
Yo los recogía en plano fijo agarrado a sus tobillos,
sin papel,
y me preguntaba qué extraño giro del planeta
la había hecho caer sobre mis miedos
y mis mierdas.
Le contaba las pestañas sin que se diera cuenta
cuando no podía dormir y leía mis poemas de madrugada,
y algunas tardes,
si la soledad se le despertaba yo era su colchón para disimular,
y nos cagábamos en el PP
y en la Aguirre
y nos pasábamos de rojos pero sin sangre
y a mí me daba miedo el fracaso
y la oscuridad
y a ella la locura
y los paraguas.
Os podría dibujar de memoria sus caderas, desenterrar un mapa
de todos los laberintos en los que deshilaba sus vestidos
para hacerme salir.
Supongo que se olvidó de jugarse la boca
sobre la mesa de mi jardín, o beberme a sorbos de Negrita.
Ella
es así,
el mejor poemario que me he corrido,
el mejor polvo que nunca podré escribir,
mi falta de huevos... y de ortografía.
cuando se quitaba las sandalias para correr sobre la hierba en verano,
se le iban cayendo adjetivos de entre los dedos de los pies.
Yo los recogía en plano fijo agarrado a sus tobillos,
sin papel,
y me preguntaba qué extraño giro del planeta
la había hecho caer sobre mis miedos
y mis mierdas.
Le contaba las pestañas sin que se diera cuenta
cuando no podía dormir y leía mis poemas de madrugada,
y algunas tardes,
si la soledad se le despertaba yo era su colchón para disimular,
y nos cagábamos en el PP
y en la Aguirre
y nos pasábamos de rojos pero sin sangre
y a mí me daba miedo el fracaso
y la oscuridad
y a ella la locura
y los paraguas.
Os podría dibujar de memoria sus caderas, desenterrar un mapa
de todos los laberintos en los que deshilaba sus vestidos
para hacerme salir.
Supongo que se olvidó de jugarse la boca
sobre la mesa de mi jardín, o beberme a sorbos de Negrita.
Ella
es así,
el mejor poemario que me he corrido,
el mejor polvo que nunca podré escribir,
mi falta de huevos... y de ortografía.
viernes, 17 de octubre de 2014
Arresto domiciliado
Pues la situación es ésta...
trato de encalar las paredes y en pleno café recuerdo que me dejé la escalera en el tejado... consecuencias del impúdico salto a la acera que te vi pisar cuando decidí desempolvar mis cerraduras.
Y claro,
se me ha quedado media fachada sucia de polución, y un par de mechones de pelo que desde aquí no llego a ver, pero deben de ser tuyos.
Y me he vuelto más zen por no tumbarme en la esquina del salón, por cerrar el círculo de los anillos que ni siquiera se me había ocurrido regalarte. Pero me siento en posición de loto, y en lugar de inspirar me desinspiro recordando mis manos contando latigazos en tu espalda.
Mi gurú me dice que ésa no es forma de hacer yoga.
Así que a la salida entro en Madrid por las alcantarillas, y se me abren las puertas traseras de los bares que también tienen sus mierdas, y no todo son cervezas y gente que camina, si no que existen rincones donde sacar un lápiz y definir amor de servilleta.
Y en la comisaría donde dormí anoche por destrozos en mobiliario público y pecho propio, hay un cartel de se busca.
Han perdido un alma que follar y un cuerpo caliente para pasar el invierno.
Y los cabrones han colgado tu foto.
trato de encalar las paredes y en pleno café recuerdo que me dejé la escalera en el tejado... consecuencias del impúdico salto a la acera que te vi pisar cuando decidí desempolvar mis cerraduras.
Y claro,
se me ha quedado media fachada sucia de polución, y un par de mechones de pelo que desde aquí no llego a ver, pero deben de ser tuyos.
Y me he vuelto más zen por no tumbarme en la esquina del salón, por cerrar el círculo de los anillos que ni siquiera se me había ocurrido regalarte. Pero me siento en posición de loto, y en lugar de inspirar me desinspiro recordando mis manos contando latigazos en tu espalda.
Mi gurú me dice que ésa no es forma de hacer yoga.
Así que a la salida entro en Madrid por las alcantarillas, y se me abren las puertas traseras de los bares que también tienen sus mierdas, y no todo son cervezas y gente que camina, si no que existen rincones donde sacar un lápiz y definir amor de servilleta.
Y en la comisaría donde dormí anoche por destrozos en mobiliario público y pecho propio, hay un cartel de se busca.
Han perdido un alma que follar y un cuerpo caliente para pasar el invierno.
Y los cabrones han colgado tu foto.
jueves, 16 de octubre de 2014
Diario de postguerra
Tengo una gata que rehúye besos,
y la noche habitada por mercaderes de carne
que pasan por alto los huesos y al fondo
un espejo donde me miro a los labios
y pienso...
pienso en dejarte marchar
sólo por ver tus caderas moviéndose
al ritmo de mi despedida sobre tus aceras.
Y todo sería la hostia si no existieran tu boca
las tres de mi mañana
los versos de entrepierna
las playas la cerveza...
si no leyese compulsivamente poemas que no sé escribir
con el único fin
de unir tus pedazos
esparcidos
tras
la
explosión.
y la noche habitada por mercaderes de carne
que pasan por alto los huesos y al fondo
un espejo donde me miro a los labios
y pienso...
pienso en dejarte marchar
sólo por ver tus caderas moviéndose
al ritmo de mi despedida sobre tus aceras.
Y todo sería la hostia si no existieran tu boca
las tres de mi mañana
los versos de entrepierna
las playas la cerveza...
si no leyese compulsivamente poemas que no sé escribir
con el único fin
de unir tus pedazos
esparcidos
tras
la
explosión.
martes, 14 de octubre de 2014
Esmalte
Hoy he llorado recordando el esmalte de tus uñas... ya ves, he sentido un arañazo en el recuerdo mientras veía una serie de televisión ridícula, y me han salido cinco lágrimas como de una arcada. Ya sabes que la pena siempre me sale impar... como la nostalgia y la suma de nosotros.
Y lo que he hecho es abrirme otra cerveza y encender un cigarrillo y un incienso nuevo en el altar de tus dedos aquella tarde. Es posible que aquel libro ande dormido en un cajón... primera edición de un euro rescatada de entre una tormenta de páginas... Madrid... Retiro... un bolso goteando esperanza, y urgencia sin disimulo...
Tienes razón, lo rodeo todo de destino igual que tú te vistes ese impermeable contra mis instantes.
Y mis palabras.
En un ejercicio fuera de programación, he desenfundado el revólver cargado de renglones que había olvidado en el costado, he agujereado la pared a puntos suspensivos... como antes, como la tarde en que tus uñas eran tan rojas como la sangre de mi espalda, y había dos pintas y tres rubias, y nos rozábamos, y nos reíamos... y éramos...
Y fuimos.
Y lo que he hecho es abrirme otra cerveza y encender un cigarrillo y un incienso nuevo en el altar de tus dedos aquella tarde. Es posible que aquel libro ande dormido en un cajón... primera edición de un euro rescatada de entre una tormenta de páginas... Madrid... Retiro... un bolso goteando esperanza, y urgencia sin disimulo...
Tienes razón, lo rodeo todo de destino igual que tú te vistes ese impermeable contra mis instantes.
Y mis palabras.
En un ejercicio fuera de programación, he desenfundado el revólver cargado de renglones que había olvidado en el costado, he agujereado la pared a puntos suspensivos... como antes, como la tarde en que tus uñas eran tan rojas como la sangre de mi espalda, y había dos pintas y tres rubias, y nos rozábamos, y nos reíamos... y éramos...
Y fuimos.
lunes, 13 de octubre de 2014
y las ganas
Ataría la lluvia con cadenas si no hubieses robado todos los eslabones,
así,
para indultar nuestro odio a los paraguas
y empaparnos.
Pagaría al contado una ducha caliente para dos,
una habitación en el trastero,
un jergón deshecho donde desnudarte la boca,
y que fueras de cristal,
y de sudor y de hambre.
Mi estómago se queja de nostalgia de palabras por las calles de Madrid
mientras cuatro violines tocan en Callao mi tango favorito.
Llueve,
la lluvia se me amontona en tu ombligo,
y la sed,
y las ganas.
así,
para indultar nuestro odio a los paraguas
y empaparnos.
Pagaría al contado una ducha caliente para dos,
una habitación en el trastero,
un jergón deshecho donde desnudarte la boca,
y que fueras de cristal,
y de sudor y de hambre.
Mi estómago se queja de nostalgia de palabras por las calles de Madrid
mientras cuatro violines tocan en Callao mi tango favorito.
Llueve,
la lluvia se me amontona en tu ombligo,
y la sed,
y las ganas.
martes, 7 de octubre de 2014
Hojas muertas
El otoño ha amanecido gris y yo odiándote,
te odio
porque ya no me dejas leer,
porque tengo celos de todos esos cabrones
que decidieron encadenarte al papel incluso antes de que nacieras.
Te odio porque empiezo a cocinar y sólo recuerdo tus recetas,
y tu maldito nombre
camina repartido por cinturas que no le corresponden,
ni dientes,
ni cuadernos,
ni dedos.
Y también porque me has robado palabras...
sandalia bisturí telegrama...
y desnudar también es tuya.
Porque estas cuatro paredes ahora también tienen techo,
por mi dolor de espalda,
y el de garganta,
y el de pecho.
Por tus murallas,
y los arqueros disciplinados que las defienden usando flechas de disimulo,
y por darle la vuelta al cariño,
por tus pies tus labios tu espalda,
por no tener butaca esta noche de tragedia entre tus muslos.
Esta jodida forma de odiarte que deja octubre en Madrid
amaneciendo tus huellas.
te odio
porque ya no me dejas leer,
porque tengo celos de todos esos cabrones
que decidieron encadenarte al papel incluso antes de que nacieras.
Te odio porque empiezo a cocinar y sólo recuerdo tus recetas,
y tu maldito nombre
camina repartido por cinturas que no le corresponden,
ni dientes,
ni cuadernos,
ni dedos.
Y también porque me has robado palabras...
sandalia bisturí telegrama...
y desnudar también es tuya.
Porque estas cuatro paredes ahora también tienen techo,
por mi dolor de espalda,
y el de garganta,
y el de pecho.
Por tus murallas,
y los arqueros disciplinados que las defienden usando flechas de disimulo,
y por darle la vuelta al cariño,
por tus pies tus labios tu espalda,
por no tener butaca esta noche de tragedia entre tus muslos.
Esta jodida forma de odiarte que deja octubre en Madrid
amaneciendo tus huellas.
jueves, 2 de octubre de 2014
Todas las lluvias
Imagínalo por un instante...
imagina que pudieses condensar el olor de todas las lluvias de todas las calles de Madrid en un solo cuerpo, y tumbarte a su lado para que las sábanas se caminen como aceras mojadas.
Imagina la puerta de salida de todas tus pesadillas de par en par, escondida como una gata en invierno entre las piernas.
Y un café sin azúcar que desemboca en carne y más.
Suturas y cicatrices a dos milímetros del ombligo cosidas con hilo de pescar, la arena de tus desiertos desnudándose la soledad detrás del biombo, para luego plantarse de pie(l) delante de tus miedos.
Imagina esta ciudad vacía cuando te vas a ver el mar, y los teléfonos con fiebre, y los teatros huecos de historias por contar.
¿Y aún te despiertas de madrugada buscando la última frase?
imagina que pudieses condensar el olor de todas las lluvias de todas las calles de Madrid en un solo cuerpo, y tumbarte a su lado para que las sábanas se caminen como aceras mojadas.
Imagina la puerta de salida de todas tus pesadillas de par en par, escondida como una gata en invierno entre las piernas.
Y un café sin azúcar que desemboca en carne y más.
Suturas y cicatrices a dos milímetros del ombligo cosidas con hilo de pescar, la arena de tus desiertos desnudándose la soledad detrás del biombo, para luego plantarse de pie(l) delante de tus miedos.
Imagina esta ciudad vacía cuando te vas a ver el mar, y los teléfonos con fiebre, y los teatros huecos de historias por contar.
¿Y aún te despiertas de madrugada buscando la última frase?