viernes, 26 de febrero de 2016

A los dedos que apuntan. Moribundos. Biempensantes.

Ahí estáis, 
tan psicoanalistas,
con vuestras batas blancas, 
síntoma de la enfermedad que se os come, 
pálidas, 
falsas,
como el traje nuevo del emperador.

Ahí estáis, 
pontificando estupideces, 
salándolas con esa pizca de rencor, 
haciendo de cada bocanada, 
un trámite de la muerte, 
un maldito estertor.  

Tranquilos,
ignorantes, 
como perros en mitad de la eutanasia,
os estáis quedando dormidos
y en cambio
os permitís etiquetas
como si pudierais no ser pienso
para moscas y gusanos
en la próxima cuneta. 

Vosotros
me señaláis con los mismos dedos
con que violáis la tinta
anotando en las agendas.

Jodidas momias sin vendas...

Ahí estáis, 
tan psicoanalistas, 
tan embatados,
tan payasos sin juguetes rotos.

Vosotros,
cabronazos,

vosotros 
sois los locos. 


Impresionismo y Lucky Luke

Lloro con el final
de "Centauros del desierto",
con el de "Un día perfecto 
para el pez plátano",

con todos 
los de Lucky Luke.

Me alucina
ver que se abre La Latina
como si fuera el Mar Rojo,
cuando ella enfila al curro
por su cosecha de pan.

Cómo
entre tanto insecto analfabeto,
tanto gorgojo,
no se le pierde el respeto 
a su bendito caminar.

Me arrodillo 
ante el lomo de la pregunta y el polvo de Fante,
ante los huevos de mirar palante,
ante la ceguera universal
de los que opinan
que esa cosa de las letras
no se me da ya tan mal.

No escatimo
alabanzas al calor
que me deja en el colchón
cuando se marcha,

siempre
diez preguntas antes de que yo, 
en silencio sagrado, haga la cama
y me imagine,
menudo tarado, 
como el último peón
dándole jaque a la dama.

Me inclino con vehemencia
ante esos tipos que, a ciegas,
resuelven el cubo de Rubik,
ante Nicholson y Kubrick en el puto resplandor,
ante los que cumplen condena,
como si mereciese la pena,
en su copa de balón,

y, sobre todo,
ante su boca entreabierta
cuando cruzamos la puerta.

Lloro con el final
de "Centauros del desierto",
con el azul marino en mar abierto,

pero guardadme un secreto, 
gente de barra de bar,
hay taberneras sin puerto
y sin las que yo 
apestaría a fiambre,
a carne gris, a óxido de alambre,

es decir,

un poquito más a muerto.









miércoles, 24 de febrero de 2016

"Los idiotas"

Von Trier en la pantalla,
el puto dogma y su náusea existencial
cámara al hombro,

su cuerpo bajo el nórdico
compartiendo mi sofá,

mi codo...

- Me estás clavando el codo en el alma.

Y la nota mental


"Su situación actual... muslo derecho."

Y luego los créditos,
y banda sonora en clarinete

y después...

esa piel blanca como el papel
y el colchón un escritorio
y un érase una vez
con la punta de la lengua
calzando botas de a siete leguas,
queriendo empezar a desnudar,

quién lo diría,

por una pierna.

sábado, 6 de febrero de 2016

Alivio -de- manual.

Estoy casi seguro
de que la soledad
es el onanismo con condón
por no sobrepasar
caducidades anticonceptivas.

La soledad es una goma
moribunda en el parquet
sufriendo la ausencia de flujo,
boqueando sin tapujos
y comprada en dos mil seis.

viernes, 5 de febrero de 2016

Hemoglobina

El miedo sabe a metal,
como las espuelas del somier
clavándose en mi costado
en aquella mierda de hostal,

incitándome a galopar para buscarte.

El miedo es la llave de un hotel
de los de antes.

Habitación individual,
mercenario impagado del mal,
de la revolución de los papeles,
de un espejo en plano cenital,
de la tinta en huelga genital,
con baño en suite.

Y tiene sabor metálico
como la cerradura de este ático,
como la carcasa de los misiles,
como una lata 
con migas de pan en la basura.

Como cada maldita duda.

Como un cañón.

Son los engranajes de tus rodillas
escapando de puntillas
por no despertarme.

Ilusa...

El miedo es la carne podrida
habitando en los huecos de las teclas,
una Olivetti oxidada,
dos clavos en dos muñecas
y un adiós por la mañana.

Y sabe a metal

como la sangre.





martes, 2 de febrero de 2016

Intemperie

Definamos la intemperie:

Madrid.

Punto.

Madrid enorme
y sin una esquina donde levantarme la falda,
desvirgarme la calma,
después de cobrarte.

Madrid a oscuras.

Punto. 

Madrid sobreseído
por ausencia de daños materiales
que acompañen tus huellas ante el juez.

Madrid reyerta
de bocas abiertas,
una venda más
contra la barbarie.

Madrid orgía de anarquía
donde he fundado mi nueva república

con bandera alejada de tus piernas,
de tu sed.

Madrid oficina,

triste y aburrida,
melancólica, uniprovincial y algo más vieja.

Madrid un hilo más de la madeja,
supongo
que el quedaba de mí antes de ti.

Y, sobre todo, Madrid.

Punto. 

El émbolo del pico de las quejas, 
un tobillo roto en las traviesas,
profanando la maldita vía 
por la que tuviste los huevos 

de venir. 

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