un ticket un jodido ticket de bar entre las páginas una cuenta de cuatro tercios y 19 de febrero un camarero sus manos dos vasos de plástico "por favor, chicos, vamos a cerrar" y tú "conozco un lugar cerca de casa" y yo... y risas parking malabarismos en tu cintura joder... qué bien te queda la cintura y la sonrisa y el culo el abrigo los dientes y no querer volver a casa y el jueves joder... qué bien te queda aquel jueves estás tan guapa que haces daño como los acantilados para bajarse de la tierra o a la tierra como Madrid tanto que te perdono los relojes de arena la arena los telegramas la despedida
la ropa que te cubre joder... cuánto y qué bien te cubre
te quedaste dormida en un jodido ticket de bar entre las páginas en un libro en los besos las arcadas joder... cuántas arcadas arcos arqueros de flechas emponzoñadas ¿para qué? para echarte menos de menos para joderme la mañana
Tú y tu simbiosis perfecta con algunos rincones de esta ciudad. O quizá no, quizá tú y tu tozudez insensata de inquilino de la memoria, que nunca paga el alquiler ni regala desayunos, pero se instala en los vacíos del parque, o de la biblioteca, o del sofá, o de los caramelos de envoltorio opaco tras cigarro. Ha sido el caramelo, yo siempre inocente. Hoy era de cereza, o de cerezo, o de silencio, no estoy muy seguro, pero sabía igual que tu boca una de aquellas noches de las cervezas, en que no te besaba, y mi lengua se moría de ganas, y te saboreaba sin tocar. Pero eso ya lo sabías. Lo sabías porque nunca he podido callarme, en eso somos diferentes. Yo tan me como la rotación de la tierra si es contigo, y tú tan el mundo gira aunque sea sin ti. Tienes razón, pero no me jodas, la náusea es mejor a mi manera. Luego supe que tus labios no saben ni a cereza ni a cerezo, me vas a permitir que hoy saque de la lista al silencio. Luego supe que sabes a pan y a cariño, a miedo y a escondite, a noria a vértigo a saliva a papel... a niña y a laberinto.... frontera rendida calle empapada ibuprofeno garganta mar sexo vientre rama desnuda Mahou... como siempre. Qué locura. Qué jodida sensata locura.
Han sido el caramelo, el hambre y la distancia. Has sido tú. Y un pulso sísmico y sistólico que siempre acaba buscando tus manos. Insisto. Estén donde estén les faltan mis dedos. Vas a tener que agarrarte.
Estilo de vida (semi)preposicional. Consciente de las ausencias.
(Dos puntos) siempre... A y de vez en cuando y tarde y temprano... ANTE si sube la fiebre... CONTRA también, y aunque niegues los instantes... DE sin filtros ni barreras... DESDE miedo... EN trampas desnudas... HACIA ni un solo albergue... HASTA penitenciaría de orgasmos... PARA ni un segundo menos perdido... POR putas noches... SIN resumiendo... eyaculaciones borrachas de saliva... SOBRE por supuesto, TI.
No sé si es la fiebre, o esta desesperante falta de talento para el asesinato de las historias que merecen la pena, la pena, la calle, la cena sin cubiertos, la tarde... El resultado es un domingo electoral sudando bajo el nórdico, un finales de mayo, y el puto día en que enterramos a la Aguirre al fin, que los sacamos de Madrid, el tuyo y el mío, y yo vuelvo a buscarte por guasap por si lo del bloqueo, y sí... un muro, un dique, un tapón de baño, un pañuelo cubriendo las bocas, no vaya a ser que vuelvan a volverse locas. Desde que elegiste la cordura mi sangre viaja a 38 y medio, y claro, este fin de semana se ha vestido de literal y, cuando la cerveza se ha rendido, me ha quedado un cuerpo caliente, un colchón de campamento, una luxación de garganta por desvío de palabras hacia la nada, la nada, el techo, la ropa, la ventana... Anoche, al estirar el brazo izquierdo hacia el lado del que te mudaste, tropecé con la obra completa de Pizarnik bajo la almohada, a refugio de la calma. La abrí al azar... azar, página equis, "Cuarto solo", sed, clepsidras... Me joden los relojes de agua, que me persigan tus palabras, me joden las fronteras, los brindis postergados por el Madrid rojo que soñamos, y estar aquí, esta mañana, trabajando febril, escribiendo en el mismo puto lugar donde te sentaste la mañana que nos conocimos, mirar a la derecha, estrellarme contra un "Test de visión cercana", odiar los ojos, y tú... tú cerca, pero ¿dónde?
Podemos decir que tu silencio es mi ocho de copas, que lo carga el diablo en un revólver de tambor, que es una trampa a la ruleta rusa, que me vuela los sesos en el escenario de cada llamada y luego no hay dios que me limpie las paredes, ni los muebles ni los suelos ni los sueños. Podemos decir que tu silencio es mi mordaza, la que le anudo a la nuca de Madrid, de madrugada, cuando me gritan las esquinas de Argüelles mientras le hago el amor sucio a Malasaña, la que engaña mis intentos de acostarme de costado con tu voz, de soltarle los ligueros a tu pasado mañana. Podemos, si quieres, decir que tu silencio es el burdel donde pago al contado las palabras. Podemos decir que es mi charco de nostalgias, que no sale con lejía pero se cita a diario conmigo, podemos, incluso, ponerle un cartel de ya no sé ni lo que digo.
Hay kilómetros de asfalto, y la pantalla llena de espartanos, y la mesa de latas de Mahou, y calor, un jodido calor de mayo que me ha pedido quedarse, ¿por qué no? Y no sé cuántas esquinas, y una silla con ruedas de oficina que no me cabe por la ventana, y también, desde luego, hay un puñado de ganas. Y Bukowski removiendo la marmita, chef de cueva, viejo cabrón que cocina con receta, sólo una... "deja que te mate". Y yo... ¡qué coño! yo dejando que me mates, abrevando pasados, abreviando cigarros, abriendo canales de cine censurados en ciudades sin alma, sin calma, cerrando la boca, desenvainando dedos de su vaina de letargo, de sus calzoncillos largos para el invierno, para el infierno del parquet sin bragas, de esta manera de la madera sin ti.
En eso soy muy puta, de las de cine. Debí advertírtelo, supongo. Los besos no entran en el precio. Las bocas se escriben historias, no accidentes. En eso soy muy puta, de las de cine.