lunes, 29 de septiembre de 2014

dejar de fumar

todo era posible entonces...

dejar de fumar,
dormir a medias,

Tú.

incluso alimentarse de palabras,
de pestañas recogiendo el polvo en cualquier colchón,
cualquier esquina, cualquier pared,
para no cegarnos con este jodido mundo de oficina.

en el café mojaba tus ojeras con sudor
y cien latidos por mirada,
y olías a champú
y a ducha y a vuelta a clase
y a tu cuerpo contigo,

y a calor...

ahora hay un salón con libros sin tu boca,

y llueve
y los perros ladran
y el maldito invierno viene frío
y es de noche a las seis
y tengo náuseas,

y huesos,

y mis orgasmos no son tuyos ni las uñas de mi espalda
y tengo diez dedos que muerden

y gritan,

y encienden un cigarrillo después de follarlas
por si te duele la quemadura,
por si te ensucia la piel,
por si te jode, por si te marca.

qué estupidez...

como si todo hubiese sido posible entonces.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Junto a un Lucky del cajón

He caído en la tentación de madrugar ante la ejecución inminente de mi pasado,
y allí,
sobre la cama deshecha,
he comenzado a inmolar la tragedia de senderos separados junto a un Lucky del cajón,
a un par de condones sin abrir encarcelando polvos mal curados,
y a una cerradura en Moncloa temblando de miedo
y repechos
y sumideros de instantes en los que apostarse la vida.

Esta noche,
contra el paredón,
buscaré tu llave en mi llavero.

Duele parirse de nuevo mirándose al espejo,
pero no me guardo rencor,
ni pienso borrar renglones
ni entrelíneas
ni páginas muertas.
Seguiré escribiendo esta mierda todas las madrugadas,
pero ya no estarás tú,
ni yo cuando tú estabas,
ni nos encontrarás en palabras donde ya no nos buscas.

Es mejor así.

Pero hasta la hora de los disparos voy a pasarme el día brindando por ti,
y por tu forma de anudarme el alma en cualquier rincón de cualquier cerveza,
por tus ojos peleando el sueño aparcados aquella noche,
por mi rendición total a tu piel
y a casi todo lo que nacía de tu boca,
mi impostura,
tu coche,
mi soledad,
mi jodida tormenta de necesidad de tu cuerpo,

por no haber podido borrar las dos letras de tu nombre,

tu condena a todas las historias por contar...

y por la puta vida.

Mañana,
al despertar,
habrá desaparecido nuestra primera edición de todas las bibliotecas,
se recogerá el cadáver de nuestras novelas por incomparecencia de los autores.

Mañana habrá tres días de luto por una función incompleta
y por las líneas de guión afónicas sin actores.


martes, 23 de septiembre de 2014

Finales alternativos

Llevo encadenado a la memoria
el instante exacto en que me enamoré de tus piernas y tus pies,
el momento en que se me ataron
como un reencuentro del pasado,
como si hubiesen existido siempre para sostener el deseo
mientras caminaba túneles de metro
y conducía ombligos de soledad,
como si ya estuvieran allí
mientras buscaba aparcamiento al lado de la vida
en esta ciudad mitad enorme y tan vacía.

Ahora desempolvo los dedos porque ya no puedo utilizar la garganta,
porque siempre salgo malherido tras las emboscadas del desaliento...
pero vivo.
Porque me he cruzado con ese rincón cabrón
en que te reconocí desnuda sin darme cuenta
cuando decidiste ignorar todas las alarmas,
cuando me quedé sordo a fuerza de gritos de estómago
huérfano de tu sexo,
cuando follábamos sin tocarnos,
cuando a la noche,
al llegar a casa,
eran mis manos y tus dedos los que sustituían los cuerpos.

Allí estaba tu fantasma y yo sentado.

Compañeros de segundos
condenados a repetirse ensayando finales alternativos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Alojamiento y desayuno

El siguiente paso sería dejar correr el tiempo 
si no se me hubiesen parado todos los relojes, 
o buscar camas de alojamiento y desayuno 
como canto de cisne de mi honestidad. 

Pero ya sabes lo que odio follar por follar, 
los cuerpos incompletos 
se asoman demasiado cerca al vacío, 
y necesito dejar mi adicción al vértigo, 
al otro, 
al que no llega desde tus acantilados, 
desde tus hombros 
tus pies,
desde la yema de tus dedos 
señalando la salida de mis laberintos. 

He probado a escribir tu nombre en la arena
y esperar a que suba la marea, 
como si ahogando tus letras pudiera borrarte, 

a ti.

Le he dejado el trabajo sucio al mar, 
como un cobarde.

He necesitado quemar tus libros
en un holocausto de palabras que olvidar,
todas mis coartadas para mirarte dentro,
tu Waltari, 
tu Ende, 
tu Wenceslao.

He intentado llorar a secas, 
sin usar las tripas,
pero siempre me crece tu ausencia a espasmos
y tu cuello con sal 
y tus preguntas.

Dormir en esta ciudad ya no me sale.

Y a las cuatro de la mañana 
los informativos cuentan que se ha caído otro árbol en Madrid. 

Confirmando los pronósticos
estas calles cada vez se parecen menos a un bosque salvaje,
a una boca caliente para no morirse de frío, a un animal,
a un apeadero de dudas que sangran,

a un cuerpo para quedarse.

Cada vez son menos tú y más esta maldita enfermedad.   


jueves, 4 de septiembre de 2014

y supuran en negro

Voy a denunciar a la vida 
por joderme sin pagar,
por sodomía sin acreditación, ni licencia, 
ni besos postviolación,

por el uso indiscriminado de tus ojos
como arma de destrucción, más IVA,

por tatuador de tinta infectada grabando recuerdos
y bocas 
y caderas 
que ya no se borran del pecho,
y son tuyas,
y sangran,
y supuran en negro

sobre el papel.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

café solo

el café, 
esta mañana,

sin azúcar,
dos cucharadas de recuerdo
caliente,

solo,
sin leche,

sin tus ojeras,

sin ti.

martes, 2 de septiembre de 2014

Ya no me quedaban papeleras

Empecé a escribir con la heroica intención de sobrevivir. 

Tenía quince años. 

Quería dar alimento a todas esas arañas 
que tejían las esquinas de los techos de mi cabeza.

Necesitaron carne fresca 
y no versos malcriados creciendo desobedientes.

Así que las letras se inmolaron 
como terroristas suicidas sin más religión que la vergüenza.  

Poco después ya no me quedaban papeleras.

Dejé de escribir.

Me quedé dormido.

Por eso ahora siempre llego tarde, 
por eso todos los lugares ya han sido lugares de otro, 
como las líneas, 
y las entrelíneas. 

Por eso no soy más que un impostor 
queriendo dormir con retraso entre tus piernas, 
o dentro de tu boca, 
o de ti, 

completa. 

Y viajo con la maleta llena de paredes frías, 
y miedo y carne y sexo, 
y cuatro estaciones de tristeza, 
y palabras desordenadas para decirte lo que ya sabes. 

Tarde…

Puede que ciego.

Ojalá entendieras lo que significan tus lunares. 

y no me corro (perdón Vallejo)

no sé si corro detrás 
o delante
de mí,
si me huyo
o me persigo,
anótalo en la lista de mis dudas de cerveza,
junto a qué coño hago aquí,
tan rodeado de nadies,

o por qué 
no 

ci
ca
tri
zas.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Melancolía en prosa

[Como consecuencia del golpe, el tuyo, y de tu facilidad para olvidarme sin que te suponga un problema, palabras que te robo, y dado que yo he tenido que buscar refugio en medio del bosque más frondoso que había visto en mi vida… hoy toca olvidar versos y subirse la bragueta.]


Hoy toca escribir melancolía en prosa, o más bien, una confesión de asesinato, desmembramiento, y enterramiento por partes, las tuyas, con el único propósito de alejarlas de mí y entre ellas, no vaya a ser que un día me dé por intentar reconstruirte. 

El libro tenía razón, 
nosotros teníamos razón, 
los árboles en Galicia cantan, y bailan, y se tocan, y hablan entre ellos, y lo hacen tan alto que atraviesan las paredes de piedra de esta casa. Por eso anoche tuve que salir de madrugada a la hora que era nuestra, y pedirles sitio para enterrar tu ombligo. Antes de señalarme la tierra me preguntaron por ti, les tuve que decir que no has podido venir entera.
Les he mentido, 
por eso me he muerto en el bosque que rodea Penaquente.

Tu pierna izquierda la he dejado junto a la pared sur de la Garita de Herbeira. Le gustará, no te preocupes demasiado, (¿por qué siempre vuelvo a tus palabras?). Me ha parecido un buen lugar, el viento es tan fuerte que he gritado tu nombre y no he podido escucharme. 
Al principio ha dolido bastante. 
Pero luego no. 
Hubiese sido la hostia verte caminando por una montaña tan mullida, tan como una alfombra de invierno, tan como tú. Hubiese sido la hostia que el viento, en lugar de cortarme la garganta para enmudecerme, te hubiese levantado el vestido para regalarme tu cuerpo. 
Nadie me ha visto, 
por eso me he muerto un poco más abajo 
contra las rocas.

En Os Aguillóns se ha quedado tu sexo, allí se cruzan un mar y un océano, dime que no he sido benévolo con el olvido. A la espalda tiene un faro encendido para que no se haga daño contra el acantilado si decide regresar de noche. Ya ves, incluso muriéndome a pedazos lo prefiero sobre mi cama y,
por supuesto, 
allí también he muerto. 

Y tus hombros 
y tu boca 
los he abandonado en una cala sin nombre con paredes de pizarra. 
Sólo me ha hecho falta apoyarlos junto a mis huellas, 
esta noche sube la marea. 

Tengo tres días más para desmembrarte. 

Para quedarse en este lugar hay que estar muy en paz o muy en guerra.
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